Un río peruano que hierve a más de 90 ºC, un volcán indonesio que expulsa lava azul, un relámpago que ilumina el venezolano lago Maracaibo durante toda la noche… A lo largo y ancho del planeta hay muchas maravillas naturales que hay que visitar una vez en la vida, algunas catalogadas entre las 7 maravillas naturales del mundo y otras, joyas en peligro de extinción. Pero en ese ránking de naturalezas hipnóticas también hay sitio para lugares increíbles que toman su fama de fenómenos a los que la ciencia no ha sabido encontrar un porqué razonable. Hemos elegido siete. Son siete lugares increíbles que la ciencia no puede explicar.
Popularmente se denominan ‘círculos de hadas’ y se trata de áreas hexagonales totalmente estériles de hasta 35 metros de ancho rodeadas de vegetación perenne. Hasta hace poco se ignoraba cuál era el origen de estas formaciones que tapizan el desierto de Namib, en Namibia y había dos hipótesis para explicar sus formación: la primera sugería que las responsables de estos extraños patrones eran las termitas o los roedores; la segunda, que eran las plantas las que, por la competencia con las especies más distantes, dejaban sin colonizar estos espacios. La explicación más plausible, según el departamento de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Princeton (EE.UU.), es que tanto las termitas de arena como la vegetación son la causa conjunta de la aparición de estos patrones regulares autoorganizados. Su estudio, publicado en Nature en 2017, está basado en simulaciones, por lo que no está totalmente demostrado que este sea el motivo de su aparición.
Los conquistadores españoles que se aventuraron por la Amazonía contaron a su regreso a Europa que en la selva peruana había un río que hervía a los animales hasta matarlos. El río no es ningún mito, es real. Se llama Shanay-Timpishka, tiene 6,4 kilómetros de largo y es el río termal más grande del mundo. Pero a diferencia de otros ríos termales, no hay ningún volcán cerca que caliente sus aguas, que en algunos puntos alcanzan los 90 ºC de temperatura. Al parecer, el lecho del río está sobre unas fallas en las que penetra el agua haciéndola hervir.

En la localidad de Ologá, sobre el venezolano lago Maracaibo, es casi imposible vivir una noche tranquila. Un media de 297 noches por año, generalmente entre abril y noviembre, al ponerse el sol empieza una constante descarga de relámpagos sobre el lago. Es el lugar con mayor actividad eléctrica de la Tierra, con cerca de 1,6 millones de rayos por año, según la NASA, y el espectáculo tiene un nombre bien sonoro: Relámpago del Catatumbo. El fenómeno, localizado al oeste del lago Maracaibo, consiste en tormentas eléctricas, nube a nube, a unos siete kilómetros de altura. Cada una de esas descargas, que se prolonga durante siete horas, tiene energía para encender cien millones de bombillas, lo que significa que 15 minutos de actividad bastarían para encender todas las bombillas de Suramérica. El fenómeno se produce al converger en la zona nubosidad cargada de electricidad con suelos cenagosos igualmente cargados, en un medio de baja presión atmosférica resultado del desvío que sufren los vientos alisios del noreste al chocar con la sierra de Perijá, con alturas superiores a los 3.500 metros.

En Indonesia hay más de 400 volcanes. 130 de ellos están activos. Y hay muchos realmente famosos, como el Bromo, en Java, o el Rinjani, en Lombok , venerado como un dios por los habitantes de la isla. Pero hay uno que es verdaderamente único. Se llama Kawah-Ijen y en la noche cerrada, su espectáculo es hipnótico. Muchos turistas, tras una larga caminata, acceden a su cráter, donde encuentran una rareza geológica: el lago ácido y caliente más grande el mundo, de dos kilómetros de diámetro y más de cien metros de profundidad, que, aseguran, expulsa lava azul. Una lava que, al parecer, no es tal: el volcán, de forma natural, libera grandes cantidades de azufre y este, cuando alcanza temperaturas superiores a los 400 ºC, se convierte en dióxido de azufre, un gas azulado que puede confundirse con la lava.

Si no fuera por un raro fenómeno lumínico, muy poca gente habría oido hablar del valle noruego de Hessdalen. El fenómeno es reciente: fue en 1981 cuando los vecinos de las inmediaciones comenzaron a hablar de unas luces que se desplazaban por la noche a lo largo del valle. En contra de lo que suele ser habitual, los especialistas se pusieron inmediatamente manos a la obra para certificar su existencia y conocer el porqué del fenómeno. Los resultados del estudio se publicaron tres años después en un informe titulado Project Hessdalen 1984: Final Technical Report. El informe apunta que las luces, de color amarillo, tienen un diámetro de entre 3 y 20 metros y pueden desplazarse a través del valle, lentamente y a baja altura, en trayectos de hasta dos horas. Algunas veces se detienen y se quedan inmóviles durante varios minutos antes de comenzar a moverse nuevamente. Sin embargo, estas luminarias también sobrevuelan los techos de las casas, deambulan a escasa altura entre los campos y, en especial, de manera más recurrente, se observan a lo lejos, bajo las cumbres montañosas. ¿Pero qué causa las luces de Hessdalen? A día de hoy aún no hay respuesta, pero los últimos estudios señalan que el fenómeno se produce cuando el viento eleva el polvo del suelo. Esos suelos ricos en escandio (uno de los elementos químicos pertenecientes a las llamadas tierras raras), al entrar en contacto con el aire provocan una especie de combustión que es la responsable de ese fulgor.

Sua aguas, de color verde esmeralda, dan nombre a este lago cercano a Tragöß, en la región austriaca de Estiria: Grüner See (lago verde). Pero la fama no se la dan sus limpísimas y fresquísimas aguas de color verdoso, que vierten aquí desde las montañas Hochschwab, sino un raro fenómeno geológico que lo hace único. Durante el invierno, el lago solo tiene de uno a dos metros de profundidad y sus alrededores son utilizados como parque. Pero en cuanto llega la primavera y la nieve se derrite, la cuenca se llena de agua y el lago alcanza su profundidad máxima de unos 12 metros desde mediados de mayo a junio. Pero el deshielo, por sí solo, no explica completamente fenómeno. En estos meses no es raro encontrar a buceadores a la orilla del lago explorando la fauna acuática y disfrutando de la visión del banco y el puente que quedan bajo el agua.

Misterios naturales hay muchos, ya lo hemos visto. Pero el de Devil’s Kettle (la tetera del diablo), en Minnesotta (EE.UU.) es el más intrigante de todos. En el Judge C.R. Magney State Park, el río Brule se bifurca en dos partes: una, tras un pequeño salto de agua, sigue su camino con normalidad hasta desembocar en el Lago Superior; la otra, cae en un agujero (que los lugareños llaman ‘tetera’) y desparece misteriosamente sin dejar rastro. Lo lógico sería pensar que ese agua desembocase en alguna parte (normalmente, el el mismo Lago Superior), pero ninguno de los experimentos que se han llevado a cabo hasta ahora ha arrojado ningún resultado. Por el agujero se han lanzado desde pelotas de ping pong hasta localizadores GPS y, pese a los esfuerzos, nadie ha logrado seguirles el rastro ni los ha visto aparecer en otro lugar. Incluso se llegó a teñir el agua para seguirle el rastro, pero el esfuerzo también fue en vano.
